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Francia, campeona del mundo y del pragmatismo

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Francia campeona del mundo

La ‘grandeur’ de Francia está, hoy, en su pragmatismo. Al menos en un terreno de juego. Es un signo del fútbol de siempre, de la competitividad, aunque no le acompañe la estética, que define bien lo que ha sucedido en este Mundial, el torneo del balón parado y del VAR, ambos poderosos argumentos en la final. La campeona reproduce buena parte del perfil de la Francia que levantó el título 20 años atrás dirigida por el mismo hombre, entonces en el campo, hoy en el banquillo. Didier Deschamps es el tercero que gana un Mundial como jugador y entrenador, tras Mario Zagallo y Franz Beckenbauer. Su equipo se impone justamente, dada su solidez en todo el Mundial, hecho que no empaña la bella fábula de los héroes de la derrota. Moscú tuvo un vencedor pero no mereció ningún perdedor. [4-2: Narración y estadística]

A Croacia le aguarda un homenaje similar al que espera a Francia en los Campos Elíseos, avenida que sintetiza la ambición de todos los imperios. El de su fútbol no es, hoy, comparable, pero premia la continuidad después de una caída dolorosa como fue la de Saint Denis, hace dos años, en su Eurocopa. Perder no significa que se hayan hecho las cosas mal. Es algo que entendió Francia, la selección más joven del Mundial y, al mismo tiempo, la más práctica.

Griezmann es un síntoma. Más maduro y más sereno, da un paso al frente con este título y su protagonismo en la final para subirse al altar de Cristiano y Messi. Mbappé, con su tanto y su velocidad, tiene las cualidades para hacerlo en el futuro, pero son sólo 19 años. Modric, por su parte, llegó al límite de sus fuerzas al partido definitivo, después de tres prórrogas. La final no pudo contar con el esplendor del Arquímedes del fútbol, premiado como mejor jugador del Mundial. También fue justo. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dijo el matemático griego. Sin el mejor Modric, el mundo sigue en su sitio, con una poderosa al frente, pese a la escabechina de la aristocracia en el Mundial. La clase media, no sólo Croacia, ha dicho mucho en este mes. El fútbol no es ya de unos pocos. Buena cosa.

La excitación fue croata desde el arranque, probablemente demasiada, pero comprensible para los futbolistas de un pequeño país con una dura historia reciente. El corazón es lo único imparable. Zlakto Dalic lo sabía, incluso lo estimulaba. Era su baza. La batalla de las líneas no era la suya, porque Francia se dispone como una compañía de fusileros sobre el campo de batalla. Es encomiable cómo Deschamps ha conseguido implantar el orden en alguien que es la personificación de muchos desórdenes fuera del terreno de juego. Se trata de Pogba. Es un gigante atado a una galera. Cuando se desató, mostró la compatibilidad del físico y la técnica con el tercer gol.

La disciplina, sin embargo, no es lo más indicado para la creación. Al seleccionador francés no le importa. Primero, firmes. Con semejante punto de partida, no resultó extraño ver a Croacia presionar en campo ajeno, valiente, decidida a dar un golpe de mano inesperado. Hay arrojo en Perisic, Rebic o Mandzukic. Nada de sentirse inferiores, porque de esa forma no se sobrevive a todo lo que le ha pasado esta generación, hija de la guerra. Ya se lo demostraron a los ingleses, aupados por un entorno que menospreció a los croatas.

Perisic encontró un punto débil en un equipo que no lo tiene. Era la espalda de Pavard, el lateral que se marcha al ataque, mientras Lucas cierra la defensa. Dalic demostró haber estudiado bien el partido. Junto a Strinic, consiguieron situaciones de superioridad que llevaron a Francia a una incomodidad inesperada. Nunca logró la selección de Deschamps taponar esa vía de agua, ni por delante en el marcador. Rebic se hizo un sitio para lanzar, ajustadísimo, y Mandzukic le robó un balón pero le faltaron energías, ya en la segunda mitad.

La iniciativa era de Croacia, y no dejaría de ser de esa forma, porque siempre fue por detrás en el marcador, merced a una de las bazas más eficaces de este Mundial: el balón parado. Si alguien ha sabido explotarlo es Francia. Una falta más que dudosa cometida por Brozovic dejó la pelota de frente al arco de Subasic. Griezmann lanzó en busca del remate, pero fue la cabeza de Mandzukic la que prolongó el balón hasta la red croata. Hubo protestas por la posición de Pogba, pero el VAR no indicó nada a Néstor Pitana. Lo haría más tarde.

Deschamps estaba ante su escenario predilecto, porque podía aguardar y explotar la velocidad de Mbappé en las contras. No tuvo tiempo, ni el ajuste suficiente en su defensa. Un balón horizontal mal interpretado por su defensa cayó a los pies de Perisic, mortal en el cruce de izquierda. El futbolista ha estado on fire en este Mundial. Croacia había hecho lo más difícil, pero la inusitada facilidad con la que llegaba al área contraria era imprecisión en la propia.

Después de un córner, la segunda jugada encontró la mano de Perisic en el rectángulo. El colegiado no la señaló pero fue advertido por los asistentes de la sala del VAR. Tras acudir a la banda, no tuvo dudas: penalti. Griezmann, de nuevo, se mostró frío y seguro. Era necesario volver a mover la roca cuesta arriba. Croacia lo intentó con fe pero sin las fuerzas suficientes.

Los espacios lanzaron a Mbappé, amenazante, y dejaron sitio a Pogba, que remató por dos veces, con dos piernas, hasta encontrar el gol, siempre con la intermediación de Griezmann. El delantero del PSG cerró la cuenta francesa, después de la acción de un jugador que se debatió entre España y Francia. Es Lucas. El destino estaba de su parte: es campeón del mundo. Un error que fue un contrasentido, porque lo cometió uno de los pilares más firmes, Lloris, permitió redimirse de su autogol a Mandzukic.

Triste consuelo para una Croacia a la que se le escapaban las sensaciones, pero jamás las pulsaciones, expresadas en la emoción de su presidenta junto a un Macron que sólo contuvo su ‘folie’, la locura, una vez de su mano. Kolinda fue una mujer ejemplar en la derrota, después de todo lo que han dicho de ella. Las redes son pasto de impunes maledicentes. Putin les acompañó, mientras el corazón herido croata latía bajo el diluvio como bajo los goles. En Francia, otro ‘jour de gloire est arrivé’.

Fuente: El Mundo

 

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