¿Han encontrado El Dorado? Hallan una ciudad perdida en la selva colombiana

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Un equipo científico ha descubierto una ciudad perdida en mitad de la selva, pudiendo ser una de las ubicaciones que dio inicio a la histórica leyenda de la existencia de El Dorado

Encontrar El Dorado se ha convertido en una de las grandes obsesiones de los descubridores, quienes llevan buscando desde hace varios siglos en la actual Colombia una supuesta ciudad con tanto oro que sería imposible poder imaginarlo. Ahora, más de 500 años después del nacimiento de la leyenda, unos científicos podrían haber resuelto el misterio, después de encontrar los restos de una ciudad perdida escondida entre la frondosa vegetación de la selva amazónica.

Los orígenes de la leyenda de El Dorado comenzó en el año 1534. Por aquel entonces, el explorador español Sebastián de Belalcázar hizo prisionero a un indígena, que terminaría siendo uno de los miembros más respetados de su comunidad. Tras varias conversaciones, aquel hombre le confesaría que el rey de su tribu hacía un rito habitualmente: cubrir todo su cuerpo en oro en polvo, bañarse en la laguna y desprenderse del preciado botín para ofrecérselo a los dioses.

Los exploradores españoles ya habían sido capaces de confirmar por sí mismos que el terreno estaba lleno de importantes minas de oro, pero aquel prisionero les confesó que la ciudad de la que hablaba almacenaba cantidades ingentes, imposible de cuantificar. Aquel relato es el que provocó que los descubridores se volvieran locos con la búsqueda de El Dorado, sin encontrar absolutamente nada en sus múltiples intentos. Todo apuntaba a que se trataba de una misteriosa leyenda.

De hecho, los expertos llegaron a la conclusión de que El Dorado nunca existió y que simplemente se trataba de un mito. El minucioso estudio de los diferentes relatos que llegaron a nuestra época, permitió concluir que se trató de una simple deformación de la realidad: es cierto que los Muisca y los Tairona, tribus que ocuparon aquel territorio, fueron grandes orfebres, capaces de chapar en oro objetos fabricados con otros metales gracias a un avanzado método. Pero nada más.

Una balsa Muisca, una de las piezas que dio origen a la leyenda de El Dorado. (CC/Museo del oro de Bogotá)

Una balsa Muisca, una de las piezas que dio origen a la leyenda de El Dorado. (CC/Museo del oro de Bogotá)

Es muy probable que los exploradores de hace 500 años llegaron a la falsa conclusión de que, si eran capaces de tratar el oro, era porque existía una ciudad plagada de este metal precioso. Pero nada más lejos de la realidad: probablemente lo extraían y lo trabajaban, sin acumularlo, aunque es posible que lo usaran en sus ritos. De hecho, los expertos creen que la Laguna de Garabita sería aquella que generó el mito. Pero El Dorado, tal y como se imaginó, es una simple deformación de la realidad.

Sin embargo, lo que sí fue real fue la existencia de ciudades muy avanzadas para su época en mitad de la selva colombiana, capaces de trabajar con oro de manera tan fantasiosa como para conseguir cubrir con este precioso metal todo lo que quisieran. Posiblemente los increíbles descubrimientos -colgantes, amuletos o pequeñas estatuas- que los exploradores llevaron a cabo les llevó a incrementar la leyenda de El Dorado. Y, ahora, se ha hallado una de esas ciudades.

Han sido los científicos Albert Lin y Santiago Giraldo los que han conseguido hallar, a través de Lidar, una impresionante ciudad oculta en la selva. Mediante este radar de alta capacidad, capaz de ignorar las estructuras naturales para devolver la imagen de estructuras hechas por el ser humano, los expertos han conseguido mapear una zona de unos 1.200 metros cuadrados. Tras hacer una expedición a pie por la zona, los expertos han confirmado la existencia de dicha ciudad oculta.

De momento, ambos científicos solo han confirmado que se trataría de una ciudad de los Taironas, aunque el resto de datos con respecto al hallazgo se harán públicos en noviembre, cuando National Geographic emita un documental con el descubrimiento. Lo que es seguro es que las paredes de las casas no estaban hechas de oro, aunque el hallazgo de unas de las ciudades que dieron pie a la leyenda de El Dorado ya tiene suficiente peso por sí mismo. Su valor es incalculable.

 

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