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La calle Colón seguirá el modelo de la Gran Vía de Madrid pero a largo plazo

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Hace unos días Madrid presentaba su ambicioso plan para desplazar el vehículo privado del centro de la ciudad con la creación de una gran área de prioridad residencial. El proyecto, que se llevará a cabo en junio de 2018, cuenta con su particular obra estrella, que convertirá la Gran Vía de la capital en una vía reservada a los peatones, ciclistas, transporte público y, por último, residentes y vehículos de reparto. Una transformación radical de un espacio emblemático que costará 5 millones de euros.

València, a menor escala y con otras particularidades que impiden establecer un paralelismo preciso, cuenta con su pequeña Gran Vía en la calle Colón, que al igual que la madrileña es una de las principales arterias comerciales y marca el perímetro del centro histórico. Ese es su principal argumento comparativo, junto al gran tráfico que soportan. A diferencia del proyecto de Manuela Carmena, la «pacificación» propuesta por el equipo de Joan Ribó le lleva algunos meses de ventaja, aunque con un ritmo mucho más pausado y un plazo largo para alcanzar el mismo objetivo: desplazar del centro al vehículo privado.

En la capital de España el proyecto que va a aplicar el gobierno de Ahora Madrid es muy ambicioso, ya que de una avenida con tres carriles por sentido (uno de ellos para bus y taxi) y estrechas aceras, se pasará a un gran bulevar con amplias zonas peatonales acompañadas de arbolado –ahora inexistente– y dos carriles por sentido para el tráfico, uno para el transporte público y el otro compartido por ciclistas y vehículos residentes.

De 50.000 vehículos que soporta actualmente la Gran Vía de Madrid, se espera que tras la profunda remodelación se queden en unos 10.000 coches. Sin duda alguna unas previsiones muy favorables y que permitirían a la arteria madrileña reducir el 80 por ciento del tráfico. Para la capital española es prioritario acabar además con la contaminación de la ciudad, un serio problema que ha obligado en más de una ocasión a restringir el tránsito de vehículos por la mala calidad del aire.

En la calle Colón de València el cambio comenzó en febrero del año pasado con la construcción del Anell Ciclista. Esta infraestructura obligó a reducir de cuatro a tres los carriles para el tráfico –uno de ellos para el transporte público–. Además se aprovechó para ampliar las aceras y ganar espacios peatonales en algunos tramos, como en Sorní. València además ya cuenta con arbolado en su arteria comercial.

¿Cuáles han sido los efectos inmediatos de esta remodelación de la calle Colón? En pocos meses la intensidad media diaria (IMD) de esta vía ha caído un 30 por ciento. Las últimas cifras confirman esta importante tendencia, ya que en septiembre de 2017 la IMD fue de 18.332 coches frente a los 23.904 de hace un año.

Entonces, ¿qué le falta a la calle Colón para convertirse en un proyecto similar al que pretende Carmena para Madrid? La respuesta está en el tipo de tráfico. Mientras en la Gran Vía se limitará al de los residentes, en València aún se permite el tráfico privado, pero es un objetivo que a largo plaza también aspira en «cap i casal».

El Plan de Movilidad Urbana Sostenible de 2013, aprobado por el PP pero sin apenas desarrollo, establece que toda la ronda interior de la ciudad debe convertirse en uno de los anillos donde el espacio público debe ir destinado, principalmente, al viandante. El proyecto de ciudad que encabeza Compromís aspira a conquistar este espacio para el peatón, pero de manera paulatina. Así, en el futuro tanto Colón como el resto de las vías que conforman la ronda interior deberían reservarse casi en exclusiva al transporte público y a los residentes, un plan que concuerda con la protección del centro histórico.

Pero como recordaba hace unos días el concejal Giuseppe Grezzi en una entrevista, los objetivos se han de conseguir a medio-largo plazo con proyectos de remodelación completos (obras), pero solo después de que se consoliden los cambios que proponen los técnicos de Movilidad Sostenible mediante la señalización, de denominado urbanismo que lleva aplicando desde que ocupa tareas de gobierno. En todo caso, la ronda interior precisaría de un proyecto global y no remodelaciones parciales, por lo que la operación es compleja.

Fuente: Levante-EMV