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James Rodriguez

James no está pasando por un buen momento en el Madrid. En Barcelona, Zidane escogió a Asensio y Mariano por delante del mediapunta colombiano, que no pudo disfrutar sobre el campo del subidón final de adrenalina que supuso el gol de Ramos en el minuto 90.

En el viaje de regreso de la expedición del Madrid, en los corrillos entre jugadoresse hablaba del nuevo milagro de Sergio, de la actuación de Clos Gómez (los jugadores blancos se hacían cruces del arbitraje del aragonés), de las opciones que ese empate abre para el equipo en la lucha por la Liga y de los planes para esa noche. Todos los jugadores tenían citas para cenar con sus parejas, sus familias o sus amigos, para relajarse junto a sus seres queridos tras el intenso duelo del Camp Nou.

Todos… menos uno. A la hora de la llegada del equipo a Valdebebas para recoger los coches de los jugadores, a las 22.30 horas de la noche, James pedía ropa de entrenamiento y se quedaba solo ejercitándose en una sesión individual sin luces ni taquígrafos, sin focos ni testigos. Era su forma de rebelarse ante la situación. Un jugador de 75 millones de euros entrenándose en la soledad de la noche en Valdebebas, resistiéndose a aceptar un destino que muchos dan por sellado.

No así James. Su gesto de rebeldía, esa sesión solitaria en la gélida y lluviosa noche madrileña, desvela el perfil más competitivo de un jugador que no está dispuesto a rendirse sin pelear. Ese entrenamiento habla de un jugador de carácter que ha asumido que solo con trabajo podrá revertir una situación en la que lo fácil es arrojar la toalla. James optó el sábado por todo lo contrario.

Fuente:Marca